¿¿Qué es mejor lo bonito y bello o lo práctico y útil?
Como muchos, yo he pensado que he tenido la respuesta “definitiva” en cuanto
a que es mejor. Aún así, ahora comprendo que aquello que es "correcto" para
una persona puede ser "incorrecto" para otra.
Hace unos días necesitaba una linterna y como suele pasar encontré varias
linternas en casa y ninguna funcionaba. Pregunté a mi hija mayor si tenía
una y me dijo, “Por supuesto, ¡tengo la que me arreglaste hace tiempo!”
Cuando me dio la linterna reí porque se trataba de la linterna que había
“recuperado”
La linterna fue comprada en Parque de la Costa en Buenos Aires y realmente
era más como juguete que cualquier otra cosa. Sin embargo, la linterna había
sido fiel y cuando más la necesitábamos, allí estaba. Un día hace unos años
se cayó y no prendió. A pesar de mi tristeza por haber perdido una “amiga”
fiel, intenté arreglarla.
Logré que funcionara quitando la tapa, colocando una tuerca que se mete en
un hueco para prenderla y atando la tuerca con un pabilo al casco de la
linterna para que no se perdiera. Coloqué cinta adhesiva alrededor de la
linterna para que no se le cayeran las pilas. Aunque no es nada bonita, ¡es
muy funcional!
Cuento toda esta historia porque cuando alguien ve mi “super-linterna,” se
ríe de lo que hice. Hay muchas personas que ¡en una situación parecida
hubiesen botado la linterna inmediatamente!
Siento que lo práctico es mejor que lo bonito y para mi ha funcionado. A la
vez para una persona que está más
enfocada en lo estético,
prefiere
no utilizar algo feo aunque funcione. Los que somos más “prácticos” y no tan
enfocados en lo “bonito” pensamos que tenemos la razón.
Me doy cuenta ahora que no hay una respuesta correcta en todos los casos. Es
decir, para una persona que
prefiere lo práctico lo más importante es que esto fu ncione.
Para los que prefieren lo estético, la apariencia mata la función.
Lo que hace la vida más placentera es que todos somos diferentes. Todos
tenemos una forma distinta de pensar y actuar. ¡Imagínate lo aburrido que
sería si todos fuéramos iguales!
Sin embargo, muchas veces tenemos poca tolerancia para los que piensan
diferentes que nosotros. En su libro Los Cuatro Acuerdos, Miguel Ruiz
elabora un modelo que viene de Los Toltecas de México. El explica que todos
tenemos una serie de “mitotes” o creencias que han sido inculcados desde
nuestra juventud. Mientras que algunas de estas creencias que son válidas,
muchos no las son. De hecho, la gran mayoría de lo que hacemos es en función
de complacer a los demás y no necesariamente lo que nos beneficia
personalmente.
Como todos somos diferentes y todos tenemos una forma distinta de pensar y
actuar, ¿Por qué pensamos que siempre tenemos la razón? Mi gran amigo
Francisco Novoa suele preguntar, “¿Qué prefieres, ser feliz o tener la
razón?”
Podemos evitar un desgaste increíble de energía y eliminar mucha frustración
simplemente aceptando a los demás como son y con su forma de pensar. Todos
actuamos en base a nuestra propia “verdad” de la vida. Todo lo que decimos y
todo lo que hacemos está basado en nuestra creencia que para nosotros es
verdad.
En vez de tratar de convencer a los demás que siempre “tenemos la razón,”
podemos simplemente aceptar lo que dicen y luego plantear nuestro punto de
vista sin necesidad de convencerles que tenemos la razón. La vida está hecha
de momentos. Desperdiciar tiempo intentando de convencer a los demás que
están errados suele ser un ejercicio de futilidad. Cuando aceptamos a los
demás como son, con todos sus defectos y limitaciones, ¡abrimos las puertas
a la felicidad! |